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            GALERÍA DE IMÁGENES Nº 1

                  - FOTOS PRESENTACIÓN GENERAL -

                      MISCELÁNEA

Foto: José Martínez Hernández Foto: José Martínez Hernández Foto: José Martínez Hernández

Anclaje esculpido en la roca

Mina “EL Ranal” (H.PC-5) Complejo Minero de Huete-Palomares del Campo (Cuenca)

Distintos pisos de explotación

Mina "La Condenada" (OV-I-8) Complejo Minero de Osa de la Vega (Cuenca)

Galería de Muro

Mina “EL Ranal” (H.PC-5) Complejo Minero de Huete-Palomares del Campo (Cuenca)

Acceso a los distintos niveles, los mineros romanos tallaron en la propia roca anclajes en forma de anillas donde atar cordajes que hicieran posible acceder a las distintas zonas de trabajo con seguridad.

El ámbito de las minas abarca en ocasiones diversos pisos como consecuencia de la búsqueda de los mineros en pos de las zonas mineralizadas. Algunas minas presentan un desarrollo de hasta cinco plantas o niveles de profundidad.

Galería principal de la mina HPC-5 (Huete-Palomares del Campo). En las paredes son visibles las marcas de las herramientas mineras que trazaron su recorrido. Los trabajos de las galerías de las minas presentan unas trazas de ejecución perfectas, en las que es patente la labor de verdaderos especialistas en su realización.

Foto: José Martínez Hernández Foto: José Martínez Hernández Foto: José Martínez Hernández
Sala Principal (Pedro Morales)

Mina "La Mora Encantada" (TR-1). Complejo Minero de Torrejoncillo del Rey (Cuenca)

Pozo de explotación

Mina “La Terrorífica” (H.PC-59) Complejo Minero de Huete-Palomares del Campo (Cuenca)

Contrapozo en el interior de una de las minas romanas

 Mina "La Condenada" (OV-I-8) Complejo Minero de Osa de la Vega (Cuenca)

El modelo básico de explotación romana en las minas de espejillo fue el de cámaras y pilares, sistema tradicional en la minería antigua de interior que utiliza las grandes salas como elemento distribuidor del que parten galerías en todas direcciones. La sala, actúa como lugar central donde converge el mineral extraído y donde se organiza la red de galerías y pozos, actuando como un espacio amplio en el que se concentran los servicios y la logística necesaria para las labores de interior.

Los pozos de las minas de lapis specularis suelen tener una forma de tendencia rectangular o cuadrada, y alcanzan, tal como indica Plinio el Viejo, gran profundidad, conectando incluso diferentes pisos entre sí. Su funcionalidad es múltiple, ya que además de su uso para la extracción del lapis (con el consiguiente torno), sirven tanto para acceder al minado, como para iluminar con luz natural el interior y como sistema de orientación y referencia a los mineros que se hallaban dentro.

Dentro de las minas es frecuente el uso de contrapozos como medio para alcanzar cotas de mayor profundidad con menor esfuerzo en la extracción y hacer más factible la explotación.

Foto: José Martínez Hernández Foto: José Martínez Hernández Foto: José Martínez Hernández
Galería inundada

Mina “EL Ranal” (H.PC-5) Complejo Minero de Huete-Palomares del Campo (Cuenca)

Entrada a uno de los minados romanos de lapis specularis

Mina “EL Ranal” (H.PC-5) Complejo Minero de Huete-Palomares del Campo (Cuenca)

 Peldaños de escalera tallados en la roca

Mina "La Condenada" (OV-I-8) Complejo Minero de Osa de la Vega (Cuenca)

La afluencia de grandes cantidades de agua procedente de los aportes de las precipitaciones y la condensación, así como la presencia de la misma al llegar al nivel freático, fue uno de los mayores problemas técnicos de las explotaciones.

Algunos de los accesos actuales a las minas de lapis specularis, han pervivido durante dos mil años al abandono y a los cierres que sistemáticamente los agricultores han ejercido sobre ellas. En ocasiones, uno sólo de los pozos (como el que vemos en la imagen) y que por fortuna no se ha cegado, nos permite descubrir una realidad de kilómetros de galerías internas. Para comunicar los distintos niveles y pisos de las explotaciones, los mineros romanos esculpieron en la propia roca una serie de escalones que permitían ascender o descender con más facilidad a las diferentes zonas de las labores.
Foto: José Martínez Hernández Foto: José Martínez Hernández Foto: José Martínez Hernández
Exterior de una de las explotaciones mineras

Mina “Los Hornos” (OV-I-15) Complejo Minero de Osa de la Vega (Cuenca)

Galería colmatada

Mina “EL Ranal” (H.PC-5) Complejo Minero de Huete-Palomares del Campo (Cuenca)

Lucernarios en una galería

 Mina “EL Ranal” (H.PC-5) Complejo Minero de Huete-Palomares del Campo (Cuenca)

Las antiguas labores mineras han ocasionado un paisaje singular que afecta a la fisonomía de la Alcarria y la Mancha conquense, configurando un espacio geográfico peculiar como consecuencia de las labores extractivas de época romana. La acumulación de estériles en las zonas ya explotadas por los mineros y la propia colmatación natural desde época romana hasta hoy, hacen de la exploración y estudio de los minados en ocasiones, una tarea dura y dificultosa. Galería romana iluminada en la que pueden observarse dos lucernas puestas por nosotros para experimentar su capacidad de iluminación. Los lucernarios en que se colocan las lucernas de las minas, suelen estar situados en una posición elevada en las galerías, de forma que la llama de la lámpara proporcione una iluminación suficiente.
Foto: José Martínez Hernández Foto: Proyecto Cien mil pasos alrededor de Segóbriga Foto: Manuel Arlandi Rodríguez
Pozo interior taponado en superficie

Mina "La Mora Encantada" (TR-1) – (Pozo 2) Complejo Minero de Torrejoncillo del Rey (Cuenca)

Piedra de afilar el instrumental minero en arenisca

Complejo Minero de Osa de la Vega (Cuenca)

Huella de puntero en una placa de lapis specularis

Mina de "La Quebrada" (CP.VA-1). Complejo Minero de Campos del Paraíso – Valparaíso de Abajo (Cuenca)

En el interior los pozos suelen coincidir con cámaras más o menos amplias desde las que comenzar las redes de galerías en busca de la mena beneficiable. A la organización de superficie se contrapone un nuevo ordenamiento regulado por la realidad geológica del subsuelo y por la búsqueda del mineral mediante prospecciones y el laboreo subterráneo.

Las herramientas mineras eran afiladas con piedras de arenisca que, como indica Plinio, se afilaban con agua y aceite; el aceite proporcionaba un filo suave mientras que el agua lo hacía más acerado. Estas areniscas, con las marcas de uso dejadas por las herramientas, son frecuentes en las áreas mineras; se usaban tanto para afilar y aguzar cinceles y picos, como para instrumental de corte como los serruchos con que se cortaban las placas de lapis specularis.

La impronta del impacto en el propio yeso, se corresponde con la marca de un puntero aguzado de sección cuadrangular.